Archivo por meses: Enero 2019

Como si fuera ayer

Por Susana del Calvo

Tengo grabado en mi memoria aquel 8 de enero de l959, fuimos todos a casa de mi abuela que tenía un inmenso balcón que daba a la Avenida San Lázaro por donde sabíamos que iba a pasar la Caravana que venía con los Rebeldes desde la Sierra, buscábamos con ansiedad a mi papá y cuando lo vimos lo identificamos a pesar de la barba y empezamos a gritar y saltar, no sé como no fuimas a parar en la cabeza de uno de ellos.

La alegría era contagiosa, hasta los más serios sonreían, las lágrimas no faltaron porque cuando la emoción es mucha ellas siempre nos acompañan en mayor o menor medida, estaba más delgado pero estaba vivo, volvería a la casa que siempre estaba dispuesta para él.

Mi papá adorado, mi héroe de todos los tiempos, no olvidaba sus palabras cuando se reunió con nosotros en una visita inesperada y nos decía con voz grave que ese año no habría fiestas porque el pueblo de Cuba vivía uno de los momentos más terribles de su historia sumido en la sangre de sus mejores hijos asesinados por la tiranía del tristemente célebre, Fulgencio Batista.

Llegó el momento que asesinaban a cualquiera en una esquina, sin saber ni quien era, las madres ya no le prohibían a sus hijos que se incorporaran a la lucha y como Mariana Grajales, les daban todo su apoyo, había que terminar de una vez y por todas con la dictadura. Y así se hizo.

Los Barbudos, lidereados por Fidel, se convirtieron en todo un símbolo, ellos fueron los seguidores de Martí y Maceo, demostraron que más de 100 años de lucha no eran en vano, al fin podíamos hablar sin temor que nos acribillaran a balazos, podíamos construir una sociedad nueva, así me decía mi padre, y así también me incorporé a esa batalla, que sería y es aún más dura, pero hemos demostrado que un Mundo mejor si es posible cuando existe voluntad y corazón.

Ante una victoria nos parece que volvemos a ese 8 de enero como si fuera ayer.



Momentos imborrables

Por Susana del Calvo

Mucho hablamos del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia y no porque cumpla 35 años, sino porque es como me decía una doctora, se convierten en un cura, todos vienen no sólo a ver como están de salud, también a ver al amigo porque son parte activa de la comunidad.

Como en todas partes es perfectible, los hay buenos y los hay malos pero pienso también que los agradecidos ven la luz del sol, los que no lo son sólo sus manchas. Los problemas no son problemas, son soluciones, lo que no podemos quedarnos de brazos cruzados, hay que dar el paso al frente.

La primera experiencia directa con estos profesionales fue con la doctora Raisa, nunca podré olvidar a la muchachita que debutó con nosotros apenas graduada, la enfermera fue su mano derecha y me decía que era la izquierda.

Poco a poco se fue ganando el amor de la comunidad, siempre con una sonrisa, para ella no había horario siempre que alguien fuera a buscarla ella estaba lista.

Cuando mi padre enfermó en el hospital, ella me acompañó, el especialista sólo le dió un mes de vida y fue como si me hubiera caído un muro encima que me aplastó por completo, quien me ayudo a levantarme fue la doctora y su enfermera, pero Raisa fue especial.

Con la ayuda de amigos dirigí mis pasos a la medicina verde y vivió un año con calidad, pero siempre bajo la mirada vigilante de quien ya era para mi una hija, tres veces al día venían a verlo, cuando lograban cazarlo porque siempre se iba a la esquina de 23 y 12 donde los fanáticos hablaban de pelota y se formaban una tertulias interesantes aún para los que como yo no conocían del juego y sólo aplaudíamos cuando lo hacían los demás. Eso fue durante todo un año, caminaba tres kilómetros de ida y otros de vuelta pues nosotros vivíamos en La Rampa, y eso lo hacía un hombre que tenía cáncer en los dos pulmones y regresaba fresco como una lechuga.

Se prepararon las condiciones para la fase final, ella fue el todo para que mi papá estuviera cómodo, es una mujer linda por dentro y por fuera, el viejo no dejaba de halagarla y se ponía colorada.

Pasaron los años pero no he dejado de ir a visitarla a su nuevo puesto de trabajo, hizo otra especialidad y es una magnífica oftalmóloga,pero siempre me decía que para ella fue fundamental haber hecho Medicina General Integral, que la comunidad le había enseñado más que la Universidad.

Cuando se despidió de nuestra comunidad lo hizo con una sonrisa y lágrimas en los ojos. Son momentos imborrables.