Archivo por meses: Mayo 2017

La sonrisa del inglesito

 

Por Susana del Calvo

Es hermoso viajar por la historia y adentrarnos en la vida y la obra de hombres y mujeres que ofrendaron lo mejor de sí para entregarse en cuerpo y alma a los mas caros anhelos de la humanidad, la libertad. De ahí que quise conocer un poco más de Henry Reeve, el nombre que lleva la Brigada Médica Cubana entrenada para actuar en casos de desastres.

Tuve el privilegio de estar aquel 19 de septiembre de 2005 cuando el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, se reunió en el Palacio de Convenciones de la Habana con los médicos y allí quedó constituido el Contigente Henry Reeve, en honor al inglesito que abandonó su país, Estados Unidos y se unió a los cubanos que luchaban contra los españoles.

Cuba quería ayudar a las víctimas del huracán Katrina en el sur de los Estados Unidos, ayuda que fue rechazada en aquel momentos por Washington, pero que en todos estos años ha salvado la vida de miles de personas en disímiles, su objetivo no es sólo apoyar a una nación determinada, sino cooperar de inmediato, con su personal especialmente entrenado, en cualquier país que sufra una catástrofe, especialmente los que enfrenten grandes azotes de huracanes inundaciones u otros fenómenos naturales de esa gravedad además de epidemias que constituyan verdaderos desastres naturales y sociales; incluyendo al territorio nacional. .

Henry Reeve se convirtió en General de Brigada del Ejército Libertador. Se ganó sus grados por su valentía y arrojo en más de 400 acciones combativas que tuvo con los españoles durante la Guerra de los 10 Años, entre ellas el rescate del General de Brigada Julio Sanguily.

Podemos preguntarnos donde y cuando nació el amor del inglesito por Cuba, la respuesta es muy sencilla, en primer lugar sufrió una conmoción con el asesinato del presidente norteamericano Abraham Lincoln lo que lo hizo un antiesclavista y lucho en las filas del norte contra los sureños esclavistas en la guerra de secesión.

Con esas inquietudes trabajó luego en un banco de su localidad donde entró en contacto con la propaganda de los de los revolucionarios cubanos emigrados en esa tierra que luchaban por la libertad de Cuba de España

Al morir contaba con 26 años de edad, tras su caída en combate, un grupo de patriotas cubanos escribirían a la madre de El Inglesito:

Movido de sus generosos impulsos, pisó estas playas, joven y fogoso legionario de la libertad, sin más títulos que su ardoroso entusiasmo y su firmísima resolución de luchar por la independencia de Cuba, a la que desde entonces adoptó y amó como su patria.

El Generalísimo Máximo Gómez, dijo sobre Henry Reeve que era de un carácter puramente militar, unía a un valor probado, una rectitud y seriedad poco comunes en su modo de mando. De ahí que sus soldados a la vez de un respeto profundo le quieren como un padre.

En su último combate el inglesito, con dos heridas mortales siguió ofreciendo resistencia hasta el último aliento que empleo para darse un tiro en la sien antes de caer en manos enemigas. Sobre este hecho dijo el historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal Spengler:

Impresionaba el disparo en la sien, como símbolo del valor y el decoro militar, los tiros de la ejecución fallida en la caja torácica, y la marca de otras tantas magulladuras. Pero sobre todo la pierna, la pierna deshecha, atada con cueros y varillas de metal, que sostenía a aquel nuevo batallador de la antigüedad en su concepto.

Vemos la sonrisa de El Inglesito cuando vió a su Ejército de Batas Blancas recibir el premio de la Organización Mundial de la Salud por su lucha por la vida.

Nuestro Martí


Por Susana del Calvo

Hablar de hombres de dimensiones universales es una tarea imposible porque de inicio estás segura de que siempre se te quedará algo sin decir, no obstante, se convierte en necesidad cuando vemos su vigencia a pesar de su desaparición física a finales del Siglo XIX en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. Hablamos de José Martí Pérez, nuestro Apóstol.

Guardo sus Obras Completas como el mayor tesoro, en sus páginas viajo por el quehacer de un mundo cuya voz se multiplica y se erige como gigante en hombres como Fidel Castro, el martiano mayor, Hugo Chávez, y el médico de pueblos, Ernesto Che Guevara. Quién puede afirmar que no están entre nosotros. Ellos lucharon contra el gigante de siete leguas, como bien lo denominara Martí en su ensayo Nuestra América. Este ensayo debe  acompañarnos en nuestra mesa de noche como consulta porque encontrarás algo nuevo en su lectura y una respuesta a tus inquietudes. Recuerda que  lo que puedes hallar entre líneas es mucho más rico de lo que está escrito.

No era guerrero y murió en el campo de batalla ya que entendió que no podía llamar a la lucha si no participaba de esta y aunque cayó en Dos Ríos en una escaramuza su figura delgada y vibrante nos acompaña en todo momento. Amo a Cuba hasta las raíces y supo inculcarnos el respeto a la madre patria que late en toda su obra, pero también nos enseñó que Patria es Humanidad, de ahí que el cubano siempre esté prestó a brindar su mano amiga al que la necesite.

Ahora bien, lo que más me impresiona de este gran hombre es su libro de poemas Ismaelillo, dedicado a su hijo que luego siguió los pasos del padre aunque la historia no hable mucho al respecto.

En el prólogo a este sencillo cuaderno de versos Martí dice:
Hijo:
Espantado de todo me refugio en tí.
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura,en la utilidad de la virtud, y en tí.
Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
¡Lleguen al tuyo!