Archivo por meses: Noviembre 2016

Historia de amor

 

Por Susana del Calvo

 

Múltiples son los mensajes de todas partes del orbe que nos llega. Este mensaje lo recibí y por su hermoso contenido estoy de acuerdo con ella en que el mundo debe conocer su historia de amor, los invito:

Amiga y hermana, en estos momentos de tristeza, es tan poco todo lo que se pueda decir, queda claro sólo el amor a Fidel, a la Revolución cubana y gratitud con Dios y la vida por haber vivido en su misma época y haber conocido su grandeza.
Comparto mi historia contigo y quiera compartirla con millones y motivar a tantos a que compartan su historia de amor con Fidel.
MI HISTORIA DE AMOR CON FIDEL
No puedo condenar a los que hoy se regocijan por la muerte de Fidel,
más bien me produce tristeza que esas personas, no tengan la capacidad de sentir la grandeza de ese ser humano. Yo viví en Cuba varios años y muchos me preguntan si lo conocí personalmente y lo que no saben es que tengo una historia de amor con ese hombre, pero ahora llegó el momento de contarla y para eso, debo empezar hablando de mi padre.
Mi padre, Arístides, nació mucho antes de la Revolución en un pueblito cerca de la Habana llamado Alquizar; me contaba que él y su hermano mayor tenían solo un par de zapatos y se turnaban para ir a la escuela con ellos; un día uno, un día el otro. Los zapatos se rompieron y así fue como solo estudió hasta 2do grado. Mi abuela Felicia tuvo once
hijos, cuatro murieron muy pequeños, de diarreas, tétanos y otras enfermedades. Siete sobrevivieron a base de pan duro y
de lo que procuraba mi abuelo Tomas cuando lograba trabajar como peón en una finca por cortas temporadas. Mi padre recorría descalzo y casi
desnudo largos trillos en esa finca de Alquizar para llevar a su papá,
que trabajaba de sol a sol en esos surcos y por unos centavos, una
lata con un masacote de plátano verde hervido con sal que llaman fufú y que mi abuelo devoraba. Siendo aún un niño, mi padre empezó a trabajar en una panadería y entraba en la noche hasta la tarde del día siguiente por una libra de pan fresco y una libra de pan duro que mi
abuela rociaba con agua de azúcar prieta para repartirla equitativamente entre todos. Ya de adulto y muy joven, en el año 1951
se embarcó como polizón en el barco Corazón de León rumbo a Venezuela
y una vez en altamar se presentó ante el capitán para pagar su pasaje
con trabajo. Fue así, como después de estar a punto de naufragar,
llega a este país, donde pasó épocas de bonanza y épocas de pobreza,
aquí forjó una familia de siete hijos con una venezolana, mi amada
madre Alidis y nos enseñó miles y millones de cosas, valores,
principios y amor a nuestra patria Venezuela y a la de él que hicimos
nuestra, Cuba. Nos enseñó sus canciones y sus historias, nos hablaba de Fidel y de la revolución que estaban haciendo allá y yo soñaba con estudiar en un de esos colegios que vi en un documental llamado La Nueva Escuela y lo logré! Paradójicamente tengo que agradecerlo a una lesión de rodilla que sufrí y por lo viajé a Cuba donde me operaron.
En esa época (1982) no existía convenio petrolero ni nada más que pura y desinteresada solidaridad. No llegué como hija de cubano, sino como una venezolana más a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y como era un tratamiento largo, me dieron la
oportunidad de estudiar bachillerato, luego me otorgaron la beca para
medicina.
Un día, contándole a mi papá sobre una de esas temporadas de trabajo
voluntario en el campo mientras estudiaba en la universidad, me empezó a bombardear con preguntas, pues ese año nos había tocado en su pueblo, Alquizar. El me preguntaba tratando de ubicarse para saber exactamente en qué finca había estado y después de responder todas sus preguntas, se le humedecieron los ojos y me dijo: esa era la finca donde trabajaba mi padre… yo lo abracé, pero solo entendí la magnitud de lo que él sentía cuando me dijo: “Si cuando yo era un niño pobre y hambriento, que andaba descalzo y sin esperanza por esos surcos con una lata de fufú para papaito, me hubiera imaginado que 50 años después, una hija mía iba a estar en esos mismos surcos
trabajando voluntariamente mientras estudia Medicina, yo hubiera sido
un niño feliz y hubiera corrido con alegría!”.
Es indescriptible lo que sentí y sentimos en ese momento, es como si de repente y a pesar de las lágrimas, se hubiera borrado de sus ojos toda la tristeza pasada de su vida y de la de tantos millones de
hambrientos de esperanzas.
Siempre admiré y quise a Fidel, pero ese día empecé a amarlo y a verlo
reflejado en mi vida, en la alegría de mi padre, en los ojos de una
persona a la que pude ayudar a sanar y hasta en la vida de mis hijos.
Esa es mi historia de amor con Fidel y me emociona imaginar que
existen millones de personas en todas las latitudes, que tienen una
especial historia de amor con él.
ANA GINETH MORALES FUENTES

Mis recuerdos de la ELAM

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Por Susana del Calvo >>

Parece que fue ayer cuando la otrora escuela de Cadetes de la Marina > en La Habana se convirtió en la Escuela Latinoamericana de Ciencias >> Médicas, recuerdo que aquello parecía un hormiguero para dar la >> respuesta al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, quien luego >> del paso de los huracanes Jorge, por el Caribe, y Micht por Centroamerica, dejaran a su paso la muerte y la desolación.

Fidel comprendía que no eran los médicos cubanos que acudieron como  un solo hombre para brindar su ayuda solidaria, era necesario formar  a los jóvenes de esos países como profesionales de la salud para que  pudieran atender a sus respectivas poblaciones, de ahí surge la  propuesta de esta institución que en estos años ha graduado miles de  jóvenes como médicos de alrededor de cien países.

Para ellos y para nosotros era un sueño que se hacía realidad, cuando conversamos nos dicen que Cuba es su segunda patria, que los acogieron como hijos y nunca se sentían solos. No faltaron momentos  muy difíciles para algunos ante situaciones como la pérdida de un ser  querido, pero siempre sentían la mano amiga y tenían un hombro sobre  el cual llorar cuando las lágrimas eran incontenibles. Todo el >> personal se convertía en los padres, los amigos, el confidente que >> todo joven necesita.

Aquí se agiganta la figura del doctor Juan Carrizo, quien fue el  rector de esta universidad médica hasta su reciente desaparición  física. La eterna sonrisa de aquel hombre que dedicó su vida a la obra de la Revolución, sin desmayar ante las dificultades, son un  ejemplo para las nuevas generaciones. Firme en sus decisiones, exigente ante el cumplimiento del deber, siempre podían encontrar en él a un hombre de extraordinaria inteligencia que se convertía en el padre cariñoso ante todas las dificultades.

Carrizo siempre estuvo orgulloso de los jóvenes que ayudó a formar como magníficos profesionales, algunos de los cuales ocupan elevadas  responsabilidades dentro de las autoridades sanitarias de sus respectivos países. Su obra continúa, sus semillas dan hoy los frutos >> que esperaba Fidel Castro.

En la ELAM se cuidan como joyas las culturas autóctonas que han servido como lazo indestructible para hermanar pueblos. Llenos de luz, colores y alegría nos enseñan sus raíces en hermosos  espectáculos que pueden también disfrutar los visitantes. Y es que en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas se forman  profesionales de ciencia y conciencia al servicio de la humanidad.